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Hablando con Xabier Zubiri II
Sobre el convivir como problema. Desde «Sobre el hombre»

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    J.Artamendi Muguerza

Euskeran ere aukera duzu: Hablando con Xabier Zubiri II

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Petronio, en las líneas iniciales de «El Satiricón», nos hace la siguiente afirmación: «Y así, según mi opinión, la juventud, en las escuelas, se vuelve tonta de remate por no ver ni oír en las aulas nada de lo que realmente es la vida».

Nosotros, en las páginas que van a continuación, quisiéramos dirigir nuestra mirada y nuestro oído a lo que es la vida, pero no para poder hablar de ella, sino para poder vivirla humanamente.

Son muchos los rostros que la realidad puede ofrecer dependiendo de la luz que la ilumine. La luz que nosotros vamos a manejar será la filosófica. Otros podrán utilizar la luz de la economía, de la psicología u otra cualquiera de las luces que cada cual crea tenerla a mano. Por ello nos acercamos a Zubiri. No para repetir lo por él dicho, sino para ver gracias a él, la realidad que nos rodea.

«La Filosofía no es una ocupación más, ni tan siquiera la más excelsa del hombre, sino que es un modo fundamental de su existencia intelectual. Por eso no nace de un arbitrario juego de pensamientos, sino de la azarosa problemática situación en que el tiempo, su tiempo, le tiene colocado»1.

Lejos de nosotros, pues, el tratar de piratas, de tiranos, de oráculos, de forma y manera que la realidad quede recubierta y no se la vea. No queremos entrar en un juego arbitrario de pensamientos. Queremos dirigir nuestra mirada y nuestra inteligencia hacia la azarosa problemática en la que nuestro tiempo nos tiene colocados.

«Nuestra situación, sentida hoy como problema, es la situación en que ha vivido y se ha desenvuelto Europa durante varias centurias. Mientras Europa ha ido haciéndose, el hombre ha podido sentirse cómodamente alojado en ella; al llegar a su madurez siente empero, como diría Hegel, refutada en ésta su propia existencia»2.

Nosotros hoy no nos sentimos cómodos, no decimos en Europa, sino en nuestra sociedad. ¿Hemos llegado a la madurez? No lo sabemos, pero lo cierto es que no nos encontramos cómodos en la sociedad que nosotros mismos hemos engendrado y que hemos impuesto a los demás pueblos.

La seguridad ciudadana es un problema grave. Ciudades que habían sido construidas para poder gozar en ellas son hoy día impracticables por los ciudadanos que ellas habitan.

La violencia callejera es un fenómeno universal. Nada extraño si al fracaso afectivo de generaciones de jóvenes, que no se sienten queridos ni al nacer, ni al crecer, ni al sufrir, ni al gozar, ni al ser educados, se les une el fracaso escolar por falta de alguien que esté junto a ellos al acercarse a la vida. Si a ello unimos el fracaso social de una sociedad que ha sido incapaz de crear una colectividad, una convivencia, una comunidad y un fracaso económico que no es la base de todos los demás, pero que está allá, los resultados están ahí.

Junto a esta inseguridad ciudadana de la que todos somos sujetos activos, es preciso tomar en consideración a los movimientos migratorios. Migraciones que se acercan desde el Este, llámese Asia, Oriente Medio, Balcanes y demás áreas geográficas como las migraciones que proceden del Sur, llámense América o África.

Si alguna área geo-política es fruto de ellas es Europa. A lo que hoy es ella han acudido pueblos enteros provenientes del norte, sur, este y oeste. Estos pueblos han configurado lo que hoy es Europa. Y nada digamos de América.

Si alguna tierra está habitada por emigrantes es América, empezando por Canadá, EE.UU., México y todos los demás países hasta terminar en Argentina y Chile.

Sin embargo, hoy es el día en que tanto unos como otros no saben qué hacer con estos fenómenos migratorios. A todos parecen habérseles olvidado su propia historia, naciendo así «los espaldas mojadas», «las pateras» o los barcos en el Mediterráneo Sur.

A los problemas que nosotros mismos hemos generado en nuestras propias áreas geográficas debemos añadir aquéllos que también nosotros hemos generado. Nos referimos a los «sin papeles», de los que reconociendo tener necesidad, porque nuestras propias colectividades van envejeciendo, por otra nos plantean problemas, pues ellos exigen sitio en la mesa en la que nosotros nos hemos sentado.

Tanto los marginados por la cuádruple causa que hemos indicado –fracaso afectivo, fracaso escolar, fracaso social y fracaso económico– como los emigrantes, nos servirán bien para explicar un fenómeno que nos afecta a todos los países. Nos referimos al terrorismo, pues siempre en la historia de la humanidad se han dado fenómenos de violencia y de muerte, pero no en la medida que actualmente estamos viendo.

Para terminar esta breve descripción, no podemos olvidar que cada día que pasa es mayor la diferencia entre el Cono Norte y el Cono Sur. Los medios de comunicación nos indican los millones de niños, mujeres y personas indefensas que mueren al día por la razón sencilla del hambre.

Nos encontramos incómodos en la propia morada que nosotros mismos hemos construido con no poco esfuerzo y no menor ilusión.

La falta de seguridad ciudadana con sus secuelas de violencia callejera; los desequilibrios que los fenómenos migratorios nos están provocando a nosotros, que somos hijos de emigrantes; el fenómeno del terrorismo, que nos hace acercarnos a él como a una lucha de civilizaciones, la cada día mayor fosa existente entre el Cono Norte y Cono Sur, son hechos de los que no podemos prescindir.

Por todo ello, porque no queremos ser considerados tontos de remate, nos preocupamos de lo que realmente es la vida. «Por eso, toda auténtica Filosofía comienza hoy por ser una conversación con Hegel -en nuestro caso con Zubiri- una conversación, en primer lugar, de nosotros, desde nuestra situación; una conversación, además, con Hegel -con Zubiri- , no sobre Hegel -sobre Zubiri-. Esto es, haciéndonos problema y no solamente tema de conversación»3.

Vamos, pues, a intentar conversar con Zubiri y no sobre Zubiri. Pero no queremos plantearnos un tema de conversación. Somos nosotros el problema o, si se quiere, el problema está encarnado en nosotros. En consecuencia, no queremos parar nuestra actividad en una mera conversación, sino lo que queremos es vivir y hacerlo humanamente. Pero siendo esto cierto, es preciso que nosotros nos hagamos problema. Que nuestra propia existencia esté problematizada.

«En los días movidos en que vivimos se experimenta un placer especial al intentar repetir serenamente el problema en algunas de sus más esenciales dimensiones»4. «Tan extraño -dice Hegel al comienzo de su Lógica- de un pueblo para quien se hubieran hecho insensibles, su Derecho político, sus inclinaciones y sus hábitos, es el espectáculo de un pueblo que ha perdido su Metafísica, un pueblo en el cual el espíritu ocupado de su propia esencia no tiene en él existencia alguna»5.

¿Cuántos pueblos hoy en día han perdido su derecho político y se ven obligados a vivir bajo el derecho impuesto por la fuerza de las armas? ¿Cuántos han visto cómo sus hábitos, sus costumbres, sus instituciones, han sido mutadas por las de aquél que imponía su fuerza?

Pero, ¿qué magnífica descripción, la de Hegel, cuando dice y narra cómo son los pueblos que han perdido su Metafísica? «Un pueblo en el cual el espíritu ocupado de su propia esencia no tiene en él existencia actual ninguna».

¿Puede acaso un pueblo que lucha contra el hambre o las enfermedades preocuparse de su propia esencia? ¿Puede la persona que se levanta con el sol o antes que él para dirigirse a trabajar, preocuparse por su esencia? Desde luego que no.

De la misma manera, hay toda una serie de cuestiones y problemas que sólo se pueden plantear cuando las necesidades primarias han sido satisfechas. Ello, sin embargo, no quiere decir que las cuestiones no existan. Para preocuparse de nuestra propia esencia es preciso que otras necesidades más imperiosas estén satisfechas.

Como recuerda Zubiri, releyendo a Hegel, es preciso entrar «a las tranquilas moradas del pensar que ha entrado en sí mismo. Entrar y permanecer en sí mismo, pues los intereses que mueven la vida de los pueblos y la de los individuos han sido callados»6.

Nosotros, que nos encontramos en estas circunstancias, vamos a hablar con Zubiri. Él ha tratado sobre lo que es ser. Entre otras cosas ha estudiado y publicado el libro que lleva por titulo «Sobre la Esencia». Qué es ser, esa es la cuestión que ha preocupado a Aristóteles, Descartes, Hegel, Husserl y a otros muchos pensadores. También a Zubiri.

Vamos a hablar con él, para que entrando en nosotros mismos, nos acerquemos a las tranquilas moradas del pensar y procuremos ser un pueblo en el que tenga existencia el espíritu ocupado de su propia esencia, para que así nuestro derecho político, nuestras inclinaciones y nuestros hábitos no sólo no sean insensibles, sino al contrario, todos ellos sean operativos.

Como decíamos antes, para poder hacer tal cosa es necesario que otros intereses encuentren respuesta.

Vamos a pensar cómo es posible generar una convivencia que no genere la muerte de los otros. Para ello vamos a analizar cómo el utillaje mental actualmente en curso, habiendo sido generador de no pocos beneficios, a día de hoy, se muestra corto e insuficiente.

Para ello nada mejor que acercarnos a los medios de comunicación para constatar la presencia en el mundo entero de guerras, matanzas y discordias que pretenden acallar las discrepancias.

También sobre este problema procuraremos entablar un dialogo con Zubiri. Él nos hablará, fundamentalmente, desde su libro «Sobre el Hombre». Convivencia y formas de convivencia serán temas sobre los que quisiéramos dialogar con Zubiri.

Quizás estos problemas no sean los más importantes, ni los de mayor trascendencia en el momento presente. Pero no olvidemos que decíamos con Zubiri que no querríamos poner encima de la mesa un tema de conversación. Lo que nos hemos propuesto es «hacernos problema» y sólo lo conseguiremos si previamente es problema.

No olvidemos que, siguiendo a Zubiri, decíamos que la filosofía «no nace de un arbitrario juego de pensamiento, sino de la azarosa problemática, situación en que el tiempo, su tiempo -nuestro tiempo- le tiene, es decir, nos tiene colocados»7.

En consecuencia, nosotros no vamos a inventar el problema. No vamos a hacer nacer un arbitrario juego de pensamiento. Haciéndonos problema vamos a analizar nuestro tiempo, la azarosa y problemática situación en que nosotros vivimos nuestro tiempo.

«Nuestra situación, sentida hoy como problema, es la situación en que ha vivido y se ha desenvuelto Europa durante unas cuantas centurias. Mientras Europa ha ido haciéndose, ha podido el hombre sentirse cómodamente alojado en ella; al llegar a la madurez siente empero, como diría Hegel, refutada en ésta su propia existencia». Es posible que muchas personas se encuentren cómodas en la Europa actual y que también no se hallen refutadas por su tiempo o lo sean en mayor o menor grado.

En consecuencia, las posibilidades de problematizarse serán también diferentes en la medida en que otros «intereses», tan legítimos y nobles como los demás, estén ahí presentes.

Todo esto, que es real y presente, se agrava ante el mundo que estamos viendo nacer. Todavía hoy la geografía deslinda los pueblos, las lenguas y las culturas. Todos somos testigos hoy en áreas urbanas de cómo conviven pueblos, lenguas y culturas distintas. Es preciso que nos planteemos el problema de un mundo que amanece en el que en una misma geografía conviven lenguas, culturas, diferentes. Es preciso que aprendamos a vivir en un mundo plurilingüe y pluricultural. Ese es nuestro reto.

Y si las preguntas admiten una gama amplia de posibilidades, nada digamos de las respuestas.

Lo que a continuación se expone nada tiene de definitivo. Es sólo una aportación, un intento de aportación a unos problemas que nuestro tiempo nos ha planteado.

itzuli gora

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