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La revolución de nueva democracia
Etapa puente del capitalismo al socialismo

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    J.Artola

Euskeran ere aukera duzu: La revolución de nueva democracia

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José Artola

(Liburutik jasota). Se me ha pedido que haga un comentario-introducción al trabajo «LA REVOLUCION DE NUEVA DEMOCRACIA» de Antonio de Irala. La pluma de Irala, gran conocedor del marxismo-leninismopensamiento maotsetung, como lo demuestra su sorprendente libro «UNO SE DIVIDE EN DOS - El arma revolucionaria de Mao Tsetung», describe con minuciosidad y hondura los diferentes aspectos de esta etapa revolucionaría marxista-leninista: LA NUEVA DEMOCRACIA.

Sólo, pues, me limitaré a esbozar unas líneas complementarias que puedan servir de orientación al lector en este auténtico laberinto revolucionario, y le ayuden a comprender lo que los comunistas llaman el «álgebra de la revolución».

El trabajo «SOBRE LA NUEVA DEMOCRACIA», escrito ya en 1940, es, sin duda, uno de los más importantes que haya elaborado Mao Tse-tung, y constituye la clave de comprensión de lo que los comunistas entienden por «REVOLUCION ININTERRUMPIDA Y POR ETAPAS». De ahí que dicho escrito haya sido objeto de profundos estudios por parte de los dirigentes revolucionarios de todo el mundo, y haya constituido un punto de partida para nuevas y futuras aplicaciones.

Hay que reconocer que los fundamentos teóricos y prácticos de esta etapa estaban ya sentados por Lenin, pero han sido, en realidad, Mao y su equipo, quienes los han desarrollado de manera innovadora y eficiente. Y así ha sido reconocido en el campo comunista y confirmado en diversas conferencias internacionales.

El mal llamado «eurocomunismo» no es sino la adaptación a las condiciones existentes en los países industrializados o desarrollados, de las bases de una Nueva Democracia como «etapa intermedia» o «etapa puente», que les permita pasar a la otra orilla del socialismo, mediante la hegemonía de la clase trabajadora y su núcleo dirigente, el Partido comunista, y lograr la eliminación de la burguesía tanto en la base económica como en la superestructura. Esto es a lo que los marxistas-leninistas llaman «teoría y práctica de LAS DOS RUPTURAS», fieles a la concepción expuesta por Marx en el Manifiesto Comunista:

«La revolución Comunista es la ruptura más radical con el régimen tradicional de propiedad; nada de extraño tiene el que su desarrollo entrañe la ruptura más radical con las ideas tradicionales.»

He ahí, en apretada síntesis, la doble finalidad de la revolución social-comunista: Despojar a la burguesía tanto de su capital material (primera ruptura en la base económica) como de su capital espiritual (segunda ruptura en la superestructura).

Conviene señalar los principios en que se basa toda esta concepción, lo que nos facilitará la comprensión del porqué de la punzante actualidad del estudio de «La Revolución de Nueva Democracia.»

Los marxistas enfocan todos y cada uno de los fenómenos del universo (naturaleza, pensamiento y sociedad) desde su propia visión o concepción dialéctica. Desde esa óptica la LUCHA o CONTRADICCION constituye la base del movimiento y transformación de todas las cosas. La «UNIDAD DE CONTRARIOS» o «UNO SE DIVIDE EN DOS» es la ley básica que preside y rige todos los fenómenos.

Como consecuencia sostienen que cada cosa está constituida por un complejo de contradicciones diversas, de luchas de fuerzas opuestas, de las cuales una, a la que llaman BASICA, es la que le da a esa cosa su específica y propia naturaleza siendo de sus dos opuestos el DOMINANTE el que le imprime su carácter, su cualidad, distinguiéndola de las demás.

Aplicada esa visión a la cosa que llamamos «sociedad», hay que descubrir, dentro del complejo de contradicciones en ella existente, la CONTRADICCION BASICA que define su naturaleza y su carácter.

Dentro de ese entramado de contradicciones existen tres fundamentales que se dan en toda sociedad:

1ª - Contradicción o lucha entre la naturaleza y la sociedad.

2ª - Contradicción o lucha entre las fuerzas de producción y las relaciones de producción.

3ª - Contradicción entre la base económica y la superestructura.

Pues bien, de entre esas tres contradicciones fundamentales, la básica es la segunda, esto es, la existente entre las fuerzas de producción y las relaciones de producción. Ella es la qué define la naturaleza y el carácter de una sociedad. Aplicadas a nuestras sociedades capitalistas, en concreto, esa contradicción se manifiesta entre LA

PRODUCCION DE CARACTER SOCIAL Y LAS RELACIONES DE APROPIACION INDIVIDUAL.

Veamos en un texto de la máxima actualidad, como es el manifiesto-programa del Partido Comunista de España, el modo en que presenta esta contradicción básica:

«La tendencia a la concentración es una ley objetiva del desarrollo de las fuerzas productivas. La producción moderna tiene cada vez más un carácter social. Cada vez en una medida mayor los recursos que reclaman ese tipo de producción no pueden ser aportados por un propietario privado, sino por el conjunto de la sociedad.»

... «Pero desde el momento en que la producción tiene ese carácter social, en que los recursos privados no son suficientes para el desarrollo económico y que hace falta utilizar los que pertenecen a toda la sociedad, se revela todavía con más fuerza la incongruencia, la monstruosidad de que sea una minoría privilegiada la que se apropia de los beneficios de empresas que son financiadas por el conjunto de la sociedad y que deberían revertir a ésta; la incongruencia de que sea esa minoría, la que detenta el poder del Estado, cuando debería estar en manos de los que con su labor crean la riqueza social.» (Enfasis en el original.)

Traduciendo dicha contradicción a su «expresión de clase», esto es, concretándola en personas de carne y hueso, es la existente entre la minoría que se apropia de ese beneficio social y la mayoría de los despropiados, entre la burguesía y el proletariado. Como en esa contradicción entre la burguesía y el proletariado, el aspecto de la burguesía es el dominante en esa sociedad, el marxista le llama «burguesa» o capitalista.

Todo el combate comunista va encaminado a solucionar esa contradicción mediante «la revolución socialista», tratando de que al igual que la producción es social, la apropiación lo sea también.

Ahora bien, esa contradicción básica se manifiesta de modo particular y específico en el desenvolvimiento de las distintas etapas del proceso revolucionario de cada país. Y a ese modo particular de manifestarse la lucha entre el proletariado y la burguesía en todo el ámbito de la sociedad, los marxistas lo llaman la CONTRADICCION PRINCIPAL.

La contradicción principal es, por tanto, la manifestación en concreto de la contradicción básica en el proceso de desarrollo por etapas. Ejerce el papel de dirigente en el complejo de contradicciones existente en la sociedad y constituye el nudo de la madeja social, que hay que desatar, o el eslabón débil de la cadena, que hay que romper. De ahí su trascendental importancia.

El método de dar con la contradicción principal en cada país y en cada etapa del proceso, es el «que permite a un partido político revolucionario determinar correctamente sus directrices estratégicas y tácticas en los campos político y militar», afirma Mao. Y es perfectamente comprensible, porque la contradicción principal no es sino la indicadora de «sobre quién hay que apoyarse, con quién hay que unirse y A QUIEN HAY QUE GOLPEAR». En derredor de la lucha de la contradicción principal se polarizan el mayor número de fuerzas, la inmensa mayoría del pueblo, «más' del 90 % de las masas», y, por tanto, la posibilidad del triunfo de la revolución y del comunismo.

Ahora bien, esa contradicción principal se manifiesta de distinta forma en los países COLONIZADOS o SUBDESARROLLADOS, y en los INDUSTRIALIZADOS o DESARROLLADOS.

CAPITALISMO MONOPOLISTA en los países industrializados.

CAPITALISMO COLONIALISTA de diferentes tipos en los países subdesarrollados.

En los países colonizados o subdesarrollados, como podemos ver en este estudio de Irala sobre China, la contradicción principal aparece señalada por LA BURGUESIA IMPERIALISTA EXTRANJERA Y SUS LACAYOS (burguesía burocrática y terratenientes), por un lado, y EL PUEBLO (proletariado, campesinado, burguesía nacional y pequeña burguesía), por el otro. Digamos de paso que a esta contradicción se le llama contradicción NACIONAL, ya que el aspecto externo o extranjero de opresión burguesa predomina sobre el interno. Mao la presentó así:

«Por revolución de Nueva Democracia se entiende una revolución antiimperialista y antifeudal de las amplias masas populares bajo la dirección del proletariado.»

«Desde el punto de vista económico, ella significa: colocar bajo la gestión del Estado el gran capital y las grandes empresas de los imperialistas, de los colaboradores y reaccionarios, repartir las tierras de los terratenientes a los campesinos, y, al mismo tiempo, mantener las empresas capitalistas privadas en general sin abolir la economía de los países ricos. Por consiguiente, si bien esta revolución democrática de tipo nuevo abre el camino al capitalismo, crea, sin embargo, igualmente las condiciones previas al socialismo.»

En los países desarrollados o industrializados, la contradicción viene determinada por la lucha entre LA BURGUESIA MONOPOLISTA NACIONAL y SUS LACAYOS, por una parte, y el resto del PUEBLO, por otra.

He aquí cómo en perfecta concordancia con ese enfoque, aparece señalada dicha contradicción, con toda precisión, en el ya citado manifiesto-programa del Partido Comunista de España:

«Esta etapa (intermedia) es la de la DEMOCRACIA POLITICA Y SOCIAL o DEMOCRACIA ANTIMONOPOLISTA Y ANTILATIFUNDISTA. En ella no se trata de abolir la propiedad privada burguesa y de implantar el socia lismo, sino de establecer un poder democrático de todas las fuerzas antimonopolistas, comprendida la pequeña y mediana burguesía, aunque lógicamente en este poder como en dicha alianza, el papel dirigente debe estar desempeñado, en definitiva, por las fuerzas del trabajo y de la cultura, por el bloque de los obreros, los campesinos y los intelectuales.»

Como podemos observar, la concordancia del texto del P.C.E. con el texto chino es clara. Hay que salvar, naturalmente, la particularidad lógica del «nuevo bloque histórico» constituido por la unión de las fuerzas del trabajo y de la cultura» basado en el análisis de clase dentro de un país industrializado, y que se diferencia del «viejo bloque histórico». Basta observar, para ello, el cuadro estadístico presentado por Garaudy en su conocida obra «L'ALTERNATIVE». De cada cien franceses activos, se distribuyen como sigue:

37 obreros

19 intelectuales asalariados

18 empleados asalariados

14 campesinos

8 artesanos y comerciantes

4 diversos (profesiones liberales, jefes de empresas, etc.)

A la vista de esa estadística con sólo un 14 % de campesinos, porcentaje que va disminuyendo de día en día, es lógica la posición del «nuevo bloque histórico». Y deduce en consecuencia:

«En mi opinión, el mérito esencial de la noción de bloque histórico, es el de designar una alianza privilegiada que no excluye las alianzas con las clases medias o campesinas.»

El mismo Garaudy considera un gran acierto la consigna del Partido Comunista de España: «LA ALIANZA DE LAS FUERZAS DEL TRABAJO Y DE LA CULTURA».

A la vista de lo que antecede un problema saltea al lector. En efecto, a un observador no habituado a «cifrados dialécticos» de etapas puente y etapas de transición, de programas mínimos y programas máximos, de viejas democracias y nuevas democracias, de viejos internacionalismos y de nuevos internacionalismos, el programa democrático-burgués y capitalista de los partidos comunistas le sume en un mar de confusiones, dejándole desorientado. Y puede que hasta empujado por las «críticas» de la izquierda del partido comunista, o de los partidos comunistas ya «establecidos» en el poder y que tratan de impulsar de ese modo la revolución, considere a dicho partido de un tipo social-demócrata, un partido reformista, un partido revisionista que ha cambiado, abandonando los objetivos revolucionarios de las DOS RUPTURAS. Todo ello muy comprensible.

Pero estará en un craso error. He aquí lo que escribe Carrillo al respecto:

«Estoy profundamente convencido de que los comunistas que hemos cambiado nuestra forma de enjuiciar ciertos problemas, que nos esforzamos por aprender en la experiencia, por aferrarnos a la realidad concreta y deducir de ella orientaciones adecuadas a la lucha por el socialismo en el mundo en que vivimos hoy, somos precisamente los que en cuanto al fondo no hemos cambiado: los que seguimos sintiéndonos responsables por la victoria del socialismo; entregados sin reservas, hasta el último aliento, a la defensa del comunismo.» (Eurocomunismo y Estado.)

Los partidos comunistas, en esta cuestión se basan en el enfoque de la CUESTION DE PRINCIPIO en sus aspectos UNIVERSAL y PARTICULAR. Han sido Mao y su equipo los que con mayor precisión han escrito sobre este vital problema:

«El marxismo-leninismo es la ciencia de la revolución proletaria, y se desarrolla continuamente en la práctica revolucionaria, y los principios individuales o conclusiones DEBERAN INEVITABLEMENTE SER REEMPLAZADOS POR nuevos principios o conclusiones apropiados a las NUEVAS CONDICIONES HISTORICAS. Pero ello no significa que los principios fundamentales del marxismo-leninismo DEBAN SER RECHAZADOS O REVISADOS.»

«LA TEORIA MARXISTA-LENINISTA SOBRE EL ESTADO Y LA REVOLUCION NO ES DE NINGUNA MANERA UN PRINCIPIO O CONCLUSION INDIVIDUAL, SINO UN PRINCIPIO FUNDAMENTAL NACIDO DEL BALANCE MARXISTA-LENINISTA DE LA EXPERIENCIA CONSEGUIDA EN LAS LUCHAS DEL PRO LETARIADO INTERNACIONAL. El rechazar o revisar este principio fundamental es apartarse enteramente del marxismo-leninismo.»

A pesar de todo ello, más de un lector se preguntará, razonando con lógica formal: ¿Pero cómo es posible que un partido comunista, defensor de un programa de NUEVA DEMOCRACIA, con todo lo que entraña de reparto de tierras en propiedad privada para los campesinos, de apoyo y protección a la empresa privada y al capitalismo, y que desemboca inexorablemente, como dice Mao Tse-tung, en «un inmenso océano de propiedad privada», cómo es posible con todo esto, que no se desvíe de su camino revolucionario y se transforme en un reformista?

En ese mismo error cayó el general Marshall, quien afirmó que Mao no era comunista sino un «reformador agrario». Pero es el mismo Carrillo en su obra citada, «EUROCOMUNISMO Y ESTADO», el que al presentar su programa neo-democrático, exclama con tono de seguridad: «YA ESTOY VIENDO A LOS DOCTRINARIOS CLAMAR QUE ESTO ES PURO REFORMISMO. Y NO ME ASUSTA.»

Y es que, posiblemente, nuestro lector no se ha detenido a analizar que dicho programa neo-democrático es LA CONDICION que le permite al partido comunista, núcleo dirigente del proletariado, atraerse a las masas mediante la satisfacción de sus demandas, hacerse con su dirección, lograr la hegemonía y conquistar el poder, condición 'sine qua non' para poder desarrollar el «programa máximo» del período de transformación y construcción socialista, que constituye su verdadero objetivo.

La posibilidad de lograr ese objetivo descansa en la EXISTENCIA SIMULTANEA, dentro de su programa neo-democrático, de FACTORES o ELEMENTOS CAPITALISTAS Y SOCIALISTAS. He ahí el nudo gordiano de la cuestión.

En este trabajo sobre «La Revolución de Nueva Democracia», podemos leer cuáles son los elementos de socialismo señalados por Mao, los cuales harán posible EL CRECIMIENTO Y DESARROLLO DEL PROCESO SOCIALISTA. Helos aquí:

«El creciente peso específico del proletariado y del Partido Comunista entre las fuerzas políticas del país, la hegemonía del proletariado y del Partido Comunista reconocida o susceptible de ser reconocida por el campesinado, la intelectualidad y la pequeña burguesía urbana, el sector estatal en la economía de la república democrática y el sector cooperativo perteneciente al pueblo trabajador. Todos estos son ELEMENTOS DE SOCIALISMO.»

Del mismo modo, en manifiesto paralelismo, escribe Carrillo:

«Pero la posición dominante del sector público en la economía y la hegemonía política de las fuerzas del trabajo y de la cultura ASEGURARAN LA MARCHA PROGRESIVA HACIA LA SOCIEDAD SIN CLASES, IGUALITARIA: HACIA EL SOCIALISMO.»

Como muy bien señala A. de Irala, el incremento y el desarrollo de dichos elementos traerán al mismo tiempo la disminución, debilitación y eliminación de los otros elementos capitalistas. Y ahí está el resultado elocuente de la revolución comunista de China para testimoniarlo.

Por eso, los comunistas chinos, una vez logrado el triunfo, en el importante documento «EN CONMEMORACION DEL 50 ANIVERSARIO DEL P.C.C.», del 7 de julio de 1971, indican con descarnada sinceridad que la toma del poder en 1949, cierra en lo fundamental la revolución de nueva democracia y abre el comienzo de la revolución socialista. He aquí el sorprendente texto:

«La fundación de la República Popular China en 1949, marcó la conclusión en lo fundamental, de la etapa de la revolución de nueva democracia y el comienzo de la etapa de la revolución socialista.»

¿Cómo era posible que la simple toma del poder marcase la conclusión, en lo fundamental, de la etapa de nueva democracia, si todavía no habían podido realizar ningún punto del programa neodemocrático? Se había logrado lo más importante, esto es, la hegemonía del proletariado y del partido comunista y la dirección del proceso pasaba a estar bajo las riendas del proletariado y su núcleo dirigente, impidiendo el que la burguesía se hiciera con el liderazgo en esa etapa democrática. Por eso se llama revolución de NUEVA democracia. Y ese nuevo factor fundamental es el que permitiría el desarrollo de los demás factores socialistas.

A la vista de lo que antecede, es fácil deducir que el estudio de la NUEVA DEMOCRACIA es de enorme actualidad para la comprensión del EUROCOMUNISMO y del PROGRAMA presentado por el Partido Comunista de España.

Por eso se impone un estudio serio, desde su propio enfoque dialéctico, del libro de Santiago Carrillo, secretario del P.C.E., «EUROCOMUNISMO Y ESTADO». Llama poderosamente la atención, dentro de los límites impuestos por las condiciones particulares de la situación española, el empleo de un vocabulario muy similar al de Mao: «programa mínimo», «nueva formación política», «hegemonía político-social», «cooperación y lucha», «coexistencia de formas públicas y privadas de propiedad durante un largo período» (Mao habla de LARGO TIEMPO y de BASTANTE TIEMPO), etc. Y sin embargo no encontrará el lector ni una sola cita de Mao. Y nada tiene de extraño, puesto que su objetivo es el de presentar su movimiento como absolutamente «autónomo» y «original».

Véase, como botón de muestra comparativa, lo que el secretario del P.C.E. escribe respecto a las inversiones extranjeras, y que nos recuerdan las proclamas de Mao y de Liu Shao-chi (fieles seguidores de Lenin) en el período de NUEVA DEMOCRACIA:

«Ello significa que la inversión de capitales extranjeros y el funcionamiento de las multinacionales en nuestro país no serán obstaculizados. Por consiguiente, que el capital extranjero aquí va a extraer una plusvalía, va a hacer beneficios.»

Los comunistas lucharán fuerte y con entusiasmo porque así suceda en esta etapa de la «nueva democracia» o «nueva política». «LA DEMOCRACIA POLITICA Y SOCIAL NO ES AUN EL SOCIALISMO. PERO ES LA FASE INMEDIATA DEL DESARROLLO SOCIAL PARA AVANZAR HACIA EL», proclama solemnemente el programa del Partido Comunista de España. Y es que «no hay otro camino», como aseguró Mao, para avanzar hacia dicho objetivo; es «el único modelo», ha escrito Carrillo.

JOSE ARTOLA

itzuli gora

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